Dra. Silvia Lorenia Martín Cruz del Campo / Farmacobiología y Toxicología CINVESTAV

Por Luz García Martínez

 

Con todos los estudios que ha realizado, ¿cuál es su opinión sobre un tema que es candente en la sociedad: la legalización de las drogas? 

Esto es algo que deben decidir los legisladores con la asesoría de especialistas de otras áreas. Mi opinión es que hay sustancias que claramente constituyen un riesgo contra la salud en general, y en particular para los menores de edad y otras poblaciones vulnerables, como mujeres en edad reproductiva o personas con algún otro trastorno siquiátrico, y es importante tener medidas eficaces para evitar su consumo y disminuir sus riesgos cuando se presenta. 

La pregunta acerca de “la legalización” de “las drogas”, como tal, está mal planteada porque pareciera que todas las drogas fueran lo mismo, y que legalizar es una misma cosa, pero no es así. Por eso no puede contestarse con un simple sí o no. Si estamos hablando de sustancias sin potencial terapéutico que producen brotes psicóticos, sangrados nasales, aumento de presión arterial, taquicardia y paranoia, lo mejor es impedir su distribución y consumo. Cabe aclarar que actualmente estas sustancias se están sintetizando en forma continua y comercializando por vías electrónicas sin ningún control. No estamos hablando de cinco ni de 10 “nuevas” drogas, sino de más de 300 sustancias de este estilo. 

La situación es diferente cuando se trata de compuestos que son valiosos para el tratamiento del dolor intenso en casos específicos, como los opioides, pero producen dependencia si se usan fuera de prescripción. En estos casos, el acceso a las sustancias debe estar garantizado a los profesionales de la salud y a los pacientes pero con controles adecuados para que no se adquieran para otros fines. Por otro lado, incluso, una misma sustancia puede ser riesgosa en una condición y no en otra, porque los preparados y las vías de administración pueden modificar de manera importante sus efectos. Por ejemplo, un compuesto que tiene potencial terapéutico por vía oral en forma de tableta, o combinado con otro fármaco que protege contra su abuso, se vuelve adictiva cuando se consume en forma pura por vía intravenosa. ¿Qué estrategia de regulación es la mejor en estos casos? Cabe preguntarse, ¿de qué hablamos cuando decimos legalizar? Hay quien lo entiende como despenalizar y quien lo entiende como liberar la comercialización y el consumo. En México no está penalizada la posesión de una dosis personal de las principales sustancias psicoactivas. Esto me parece una buena decisión, porque en lugar de castigar una conducta que puede ser esporádica y llevar a jóvenes a la cárcel, se necesita una perspectiva de salud. Por otro lado, si se permitiera la venta amplia de compuestos que ahora están prohibidos, ¿qué medidas de regulación existirían?, sobre todo, ¿qué medidas se tomarían para que estas medidas se cumplieran? En este momento hay regulaciones adecuadas para la venta de alcohol y tabaco pero su aplicación dista de ser una realidad. 

Está comprobado que a mayor disponibilidad, mayor consumo. En ese sentido, si se permitiera la venta con fines “recreativos” de algunas sustancias, aumentaría la necesidad de atención por complicaciones a la salud y casos de dependencia, ¿qué medidas de atención se implementarían? La infraestructura de atención a consumidores no es suficiente en el estado actual y no podría responder a la demanda; ¿qué alternativas de tratamiento se ofrecerían?, ¿quién cubriría los costos? Si el consumo de esas sustancias se asociara a mayores problemas sociales, ¿qué respuesta a nivel de políticas públicas cabría esperar? Algunas drogas inhiben la coordinación o el estado de alerta y representan un riesgo en la conducción de vehículos, pero otras estimulan y generan paranoia, lo cual puede aumentar los episodios de violencia asociados a su consumo; ¿existiría un marco legal para deslindar responsabilidades? No es un tema simple. 

Por otro lado, el enfoque puramente criminalístico frente al consumo de sustancias psicoactivas no considera la perspectiva de salud. Hay experiencias muy interesantes de “justicia terapéutica” o “cortes de drogas” que tratan de combinar controles legales con oferta de rehabilitación, conmutando penas de cárcel por programas controlados de rehabilitación. En México apenas empiezan, pero han probado ser muy exitosas en otros países. Creo que son una respuesta inteligente a un problema difícil. 

Establecer marcos legales apropiados para un fenómeno extraordinariamente complejo que implica un gran número de sustancias que requieren diferentes tratamientos, en diferentes momentos y por diferentes sectores de la sociedad, es un reto enorme. Las posturas simplistas en las que pareciera que se debe de estar a favor o en contra de “legalizar”, sin siquiera definir a qué marco normativo se refieren, o de qué sustancia hablan, sólo polarizan y confunden.

 

[DIRECTUM TSJCDMX Ene – Abr 2015]

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