DRA. SILVIA CRUZ MARTÍN DEL CAMPO / FARMACOBIOLOGÍA Y TOXICOLOGÍA CINVESTAV

Por Luz García Martínez

 

¿Hay alguna diferencia en los adolescentes a nivel cerebral con respecto a los adultos? 

Sí, el Sistema Nervioso Central no alcanza su madurez sino hasta alrededor de los 25 años. Hay dos picos de alta vulnerabilidad durante el desarrollo. El primero es en la etapa embrionaria y durante los primeros años de la vida, y el segundo, durante la adolescencia. En general, tenemos consciencia de los riesgos de la exposición prenatal a drogas, pero no tanta del consumo durante la adolescencia. 

En el proceso de maduración del cerebro intervienen tres procesos básicos: el primero es el establecimiento de los circuitos cerebrales, como si fuera el “cableado”, y se refiere a la migración de las neuronas a sus sitios de destino y al establecimiento de conexiones entre ellas. Una vez que existe una red neuronal ocurren procesos de refinamiento que implican el recortar algunas de las conexiones existentes y hacer más rápida la comunicación entre las vías neuronales. Estos procesos se dan, como ya lo mencionamos, en etapas muy tempranas del desarrollo y durante la adolescencia. 

monoLas primeras conexiones entre las células nerviosas son muy numerosas, pero poco eficientes. Después se sacrifican muchas de esas comunicaciones para hacer la comunicación más eficiente. A esto se le llama poda neuronal. Por último, viene la mielinización, que es como si aisláramos un cable, porque las conexiones nerviosas se recubren con células aislantes (de mielina) y esto hace que el flujo de información sea más directo y más rápido. Lo más interesante es que estos procesos  se dan en función de la experiencia. Si las conexiones nerviosas se usan, aumenta la fuerza de la comunicación neuronal; si no se usan, se pierden. Las drogas afectan las vías que se usan y, por lo tanto, la maduración cerebral. 

La adolescencia coincide en su inicio con la pubertad, cuando se producen los cambios hormonales que llevan la maduración sexual. En esa etapa se intensifican cambios a nivel nervioso, que son menos evidentes pero duran más. Estos cambios se manifiestan en conductas de mayor impulsividad y toma de riesgos. Seguramente fueron los jóvenes los que colonizaron nuevos territorios, probaron nuevos alimentos y domesticaron animales salvajes. La impulsividad es propia de su naturaleza y tiene un valor adaptativo, pero este periodo es transitorio y debe dar paso a la adultez, donde se espera que prevalezcan las decisiones razonadas frente a las impulsivas. 

En la adolescencia ya están desarrolladas las zonas que tienen que ver con las emociones, los instintos y las conductas asociadas a la supervivencia, pero no la corteza prefrontal. Esta zona se ubica a la altura de la frente, en la parte más anterior del cerebro y tiene que ver con la planeación, el control de las emociones y la evaluación de las consecuencias de los actos a largo plazo. Es la última zona del cerebro en madurar. 

Una consecuencia de la maduración lenta de esta región es que los adolescentes, en general, optan por satisfacciones inmediatas, aunque sean pequeñas, y que pueden tener consecuencias negativas a largo plazo, en lugar de satisfacciones que requieren mayor esfuerzo y tardan más en llegar, pero tienen consecuencias más positivas y duraderas. Durante el desarrollo también se dan cambios en los sistemas de comunicación química del Sistema Nervioso. En este proceso se modifica el balance entre señales nerviosas activadoras e inhibidoras. Las drogas afectan ese balance y por eso afectan la maduración normal del Sistema Nervioso Central. 

Mientras más joven empiece una persona a consumir sustancias que modifican las emociones y el estado de ánimo, más fácil es que desarrolle adicción o una relación problemática de largo plazo con la sustancia. Los datos varían entre diferentes drogas, pero se sabe, por ejemplo, que el riesgo de desarrollar adicción es del orden de 1 de cada 9 en las personas que empiezan a consumir mariguana después de los 18 años y de 1 de cada 6 si el consumo inicia antes de los 18 años. La mayor vulnerabilidad se debe a factores fisiológicos asociados a la edad. Por eso, es necesario mejorar el control de acceso a las drogas por parte de los adolescentes, pero lo que estamos viendo es lo opuesto. Esto puede estar influenciado por la forma en que abordamos los temas de discusión respecto a políticas de drogas y por la poca difusión de información científica entre los jóvenes, entre otros factores. 

Siempre puede hacerse una intervención y el tratamiento puede ser exitoso cuando se lleva adecuadamente, pero mientras más pronto se incida, es mejor. La adicción es un estado complejo con cambios químicos y de conducta, donde el consumo de la droga se convierte en un eje en torno al cual gira la conducta de las personas. Esa es una situación extrema. El abuso esporádico o recurrente es más común, y se asocia a los riesgos propios de la intoxicación. Por ejemplo, una persona que conduce bajo los efectos de las drogas o maneja cualquier maquinaria, puede tener un accidente. El abuso se asocia también a violencia, accidentes, enfermedades, problemas en la familia, en el trabajo y en la escuela, aun cuando la persona no desarrolle dependencia. 

Las políticas públicas ayudan a reducir algunos efectos adversos cuando se aplican adecuadamente. Para el alcohol hay regulaciones que dicen que no debe venderse en las tiendas cercanas a las escuelas ni a menores de edad, pero sabemos que esto no se cumple en muchos casos, y es común ver cervecerías abiertas a una cuadra de la secundaria en horarios matutinos. 

En México y Latinoamérica los patrones de consumo son bastante negativos desde el punto de vista fisiológico porque se bebe mucho por ocasión y sin alimentos. Esto aumenta la absorción y la exposición a concentraciones particularmente altas de alcohol. Cuando esto sucede, se rebasa la capacidad metabólica del organismo y se reclutan vías alternas. Esas vías producen muchos radicales libres y un estado de inflamación que produce daño orgánico, incluyendo a nivel del sistema nervioso. 

Otro factor a considerar es la diferencia entre sexos; las mujeres metabolizan más lentamente el alcohol que los hombres, por lo que tienen más alcohol circulante frente a cantidades iguales de ingesta. Además, por las diferencia de proporción de agua y grasa entre sexos, las mujeres pueden intoxicarse con menor cantidad que los hombres. Si las mujeres beben más y se intoxican con menos, es más probable que incurran en conductas de riesgo como tener relaciones sexuales sin protección y embarazos no planeados.

 

[DIRECTUM TSJCDMX Ene – Abr 2015]

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