EXCÉLSIOR

Miércoles 14 de octubre de 1964

El escritor italiano Italo Calvino señala que la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones y comas. Así, también, el Palacio de Justicia contiene su pasado y su presente, su memoria y su cotidianeidad, su futuro, su actuar por la justicia…

Ese pasado es espléndidamente descrito por Carlos Fernando Ravelo y Galindo, periodista de EXCÉLSIOR (que entrevistó, entre otros presidentes de México, a Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y José López Portillo, y a los presidentes de Rumania, Rusia y China), en el siguiente reportaje:

 

EXCÉLSIOR

Jueves 15 de octubre de 1964.

Entre música, alegría y buenos recuerdos, el foro mexicano y la judicatura nacional se despidieron ayer del vetusto edificio del Tribunal Superior de Justicia, el llamado “Palacio de Cordobanes”, situado en la calle que antaño llevó su nombre y que hoy se llama Donceles.

Al oírse los primeros acordes de la orquesta se sintió nostalgia. Desde su despacho, el presidente del cuerpo colegiado, Julio Sánchez Vargas –que estaba acompañado por su esposa escuchó la música. Pocos fueron los que en él notaron un gesto de amargura y las lágrimas fluir de sus pupilas. Rápido en sus movimientos, nervioso como de costumbre, Sánchez Vargas se puso en pie. No permitió a nadie hablar. Expresó: “Vamos al patio. La despedida ya empezó…”

Todo mundo notó cuando un conserje sacaba una jaula con tres palomas y un atado de globos multicolores. Se acercó a la comitiva y discretamente se alejó: “Al rato, hombre. En su oportunidad. Póngase vivo, cuando lo llamen”.

El micrófono falló la primera vez. Sánchez Vargas hubo de probar de nuevo. Cuando comprobó su efectividad, elevó su voz. Con sentidas palabras despedía al vetusto edificio, que albergó a los tribunales desde 1855.

Ya para entonces, el hombre de la jaula con palomas y el atado de globos de colores, estaba junto a Sánchez Vargas. Éste abrió la rejecilla y tomó una de las aves. La soltó al viento. Luego la otra y repitió lo mismo con la tercera.

Los animalitos, confundidos por el tumulto, volaron en círculo sin poder salir del patio. Una quedó en manos de una secretaria. Otra en las del abogado Antonio Pérez Fernández. Y una más, temerosa de correr la suerte de sus congéneres, se posó suavemente en una cornisa a contemplar el acto. La secretaria, al preguntarle qué iba a hacer con la paloma, respondió bromeando: “Sabe muy bien en el arroz…”

El aletear de los pájaros y el desconcierto momentáneo que causaron, evitó observar la elevación de los globos. Cuando se dieron cuenta ya estaban remontados y perdiéndose en la lejanía.

El trabajo se había suspendido. Hacían corrillos magistrados y jueces. Jueces y secretarias. Empleados y funcionarios del sindicato. Era un día de fiesta. Nadie respondió cuando una voz –parecía la de Carlos Acevedo Kofhal- afirmó: “Muerte al viejo. Y viva el nuevo ¿verdad?”. En efecto, hoy, después de que el presidente López Mateos, inaugure el nuevo Palacio de Justicia, en la colonia Hidalgo –de los Doctores-, todo el mundo hablará de sus excelencias. Pero nadie, es seguro, evocará el pasado.

 

[DIRECTUM TSJCDMX OCT-DIC 2014]

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