DOLORES CASTRO 

 

 

Usted vivió también la época de la Guerra Cristera en México, conflicto armado de 1926 a 1929. 

La Cristera sí, yo volvía en Zacatecas cuando tenía once años, y estaba destruida por los sucesos de la Revolución, la mayor parte de las edificaciones estaba en ruinas, quedaban la Catedral y la Plaza de Armas. Mi papá fue Secretario de Gobierno y recuerdo que tenía que batallar con un tipo que era el policía que habían puesto y que era feroz, cierta vez persiguió a uno de los muchachos que tenía que entregar las armas a los cristeros, era hijo de un doctor muy querido. Estaba platicando con la novia en la ventana de su casa y ahí lo detuvieron, no apareció en tres días, poco después hallaron su cadáver en un cerro vecino, lo fusiló, fue un suceso muy triste. 

Mi papá, si bien estaba en contra de la iglesia, nos decía: “Ustedes vayan a misa y hagan todo lo que sea necesario, no les importe lo que yo sea, porque yo no voy a misa ni creo en eso, pero ustedes sí”, y bueno, pues una de las formas del liberalismo era la libertad, por ende la libertad de credos. 

También viví muchas cosas de cómo empezó a ser la mujer capaz de trabajar, su independencia, el estudio; ahora hay más mujeres que hombres en las universidades. También cómo iban cambiando las costumbres, ahora lo usual es que los jóvenes vivan juntos, y quién sabe si sea mejor, antes desde chicos se casaban y luego no se aguantaban, y ahí está lo malo de  con quién se quedan los hijos, sobre todo en esta época en que hasta es difícil que se enamoren, ¡pues que lo hagan como sea su voluntad!, eso no es bueno ni malo, es una forma de ser de esta época, en fin. 

 

¿Por qué vienen a vivir a la Ciudad de México? 

Mi padre estaba harto de tener que frenar a los caciques revolucionarios que querían hacer de las suyas, tenía que venir a México y decir qué sucedía para que mandaran refuerzos; además lo cambiaban frecuentemente de residencia porque pensaban que los agentes se podrían involucrar en esas cosas. 

Él hablaba alemán, idioma que conocía desde niño, era un hombre honrado, pero ya estaba harto; en la Ciudad de México primero consiguió un empleo de juez en Coyoacán. Mi papá era abogado, químico farmacéutico y biólogo con estudios en mineralogía. Después, un primo suyo que estaba en la Secretaría de Hacienda, en Palacio Nacional, lo invitó a trabajar como abogado, donde estuvo, durante todos los años que vivimos aquí, en diversos puestos. A veces se peleaba con sus jefes porque sabía más que ellos, era natural porque era hijo, nieto y bisnieto de abogados, por eso a veces me decía: “¡Dolores, no estudies Leyes, ya estoy harto de los abogados!”. 

 Fragmento de entrevista realizada por Luz García Martínez

[DIRECTUM TSJCDMX Ene – Abr 2015]

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