G. CHANFREAU

 

El neoliberalismo 

Para Stiglitz, la Globalización es “la supresión de las barreras al libre comercio y la mayor integración de las economías nacionales” (Stiglitz, 2003:15). Sin embargo, también destaca que el proceso globalizador está acompañado de dolor; producto éste de las desigualdades del sistema comercial mundial, lo que “hace a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres… y cada vez más enfadados” (Stiglitz, 2003:24). 

No obstante, Stiglitz amplía su definición sobre la Globalización, entendiéndola como “la integración más estrecha de los países y los pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costes de transporte y comunicación, y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales, conocimientos y (en menor grado) personas a través de las fronteras” (Stiglitz, 2003:50). 

Sobre el desarrollo, ligado a la Globalización, refiere que “el comercio exterior fomenta el desarrollo cuando las exportaciones del país lo impulsan; el crecimiento propiciado por las exportaciones fue la clave de la política industrial que […] mejoró la suerte de millones de personas. Gracias a la Globalización muchas personas viven hoy más tiempo y con un nivel de vida muy superior” (Stiglitz, 2003:41). 

Así, es evidente que para Stiglitz desarrollo y crecimiento son lo mismo. Más aún, claramente se entiende el desarrollo como crecimiento económico, y a éste como la panacea para abatir la pobreza. La Globalización se asume como un medio propicio para conseguir el objetivo de disponer “desarrollo” a la comunidad internacional. 

Con base en argumentos de Edgar Morin, al abordar al desarrollo, Stiglitz estaría cayendo en uno de los argumentos que legitiman el actual “mito del desarrollo”. Por un lado, al entender el crecimiento industrial como motor del desarrollo económico; por otro lado, al asumir que éste último trae consigo el desarrollo social, que a su vez implica al desarrollo humano. Así, asegurar el crecimiento es entonces asegurar “por encadenamiento” todas las formas de desarrollo.  

 

El imperialismo 

Para tratar a la Globalización desde el segundo de los significantes, valga considerar la referencia de Saxe-Fernández sobre la existencia de una “presidencia imperial”, situación dada por la hegemonía de la primera potencia económica y el resto del mundo desarrollado, al orientar las acciones para un orden económico; destacándoles como elementos pertenecientes a un mismo grupo hegemónico, grupo que opera al unísono y como uno más de los agentes involucrados en el desarrollo de la Globalización. 

El poder del imperio tiene implicaciones económicas y sociales. Por un lado se tiene que los organismos financieros internacionales, a través del sistema de cuotas para los países miembros, son los que muchas veces orientan el devenir de la economía mundial. Por otro lado, en el centro está el crecimiento económico, sin atender demasiado al desarrollo, que es humano y social. Así pues, atendiendo a los dineros se ha minimizado la atención al desarrollo. 

Saxe-Fernández refiere que la globalización económica (internacionalización económica) responde a prácticas imperiales, pues pretende el mantenimiento de asimetrías coloniales entre estados centrales y periféricos; situación donde claramente algunos definen y muchos otros son seguidores. Bajo esta mirada imperialista se pretende desvelar que detrás de la globalización está una estrategia definida por un grupo hegemónico de países. 

En este significante pesa mucho la idea de la metrópoli y los satélites como elementos dinámicos de una gran maquinaria, de un sistema mundo donde todo se articula ex profeso. Así, Saxe-Fernández, al desarrollar su exposición sobre el imperialismo, toca lo señalado por Larochelle. 

En la exposición de Saxe-Fernández acudimos nuevamente a una interpretación económica de la globalización, donde el desarrollo se asume como crecimiento económico, así como progreso científico y tecnológico. El problema no está en la percepción económica del desarrollo, si no en las reglas del juego económico mundial y en el estrecho margen de actuación de los estados capitalistas periféricos para desarrollarse. Así, el subdesarrollo se presenta por dos vías: 1) los Estados Capitalistas Centrales usurpan la riqueza de la periferia y 2) los Estados Capitalistas Centrales obstaculizan el proceso de desarrollo de la periferia al implementar medidas políticas, económicas y comerciales desfavorables para esa periferia. 

 

La modernización 

Sobre el binomio modernización-globalización, Larochelle apunta que a la segunda parte de la ecuación suele abordársele como producto de la primera, con base en una “tendencia inherente”. Esto es, suele percibirse a la modernización como el salvoconducto cuasi condicionante de la era globalizada. 

Desde esta perspectiva es que García Canclini trata al tercer significante: la modernización. Sin aludir a un “determinismo tecnológico” destaca a la modernización como un elemento facilitador de la globalización, aludiendo para ello -principalmente- a la evolución tácita de la informática y la electrónica. 

Valga apuntar que aquí la modernización aparece ligada a procesos evolutivos de los medios de comunicación, entendiendo a estos como elementos detonadores en -y para- la reunión de intereses antípodas. La modernización así entendida se convierte entonces en factor sine qua non sería posible la globalización. 

No obstante que García Canclini caracteriza también a la globalización como económica, igualmente argumenta que se trata del “horizonte imaginado por sujetos colectivos e individuales” (García, 1999:32), por lo que cabe la opción a modificarla para que en ella tenga cabida tanto la voz de lo social como la expresión de lo cultural.

 

[DIRECTUM TSJCDMX Abr 2016]

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