MINISTRO JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ 

 

El libro La Justicia Prometida, de José Ramón Cossío Díaz, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Miembro de El Colegio Nacional, es una obra historiográfica especializada con elementos novedosos, lectura obligada para el juzgador moderno, que va de los años de 1900 a 1910, década de esplendor y crisis del Porfiriato. El libro, cuya raíz sirvió, como lo señala el propio autor, para su tesis de Maestría, se divide en cuatro partes: Impartición de justicia, Administración de justicia, Justiciables y Presencias judiciables. 

En el libro se refiere que a principios del siglo XX, el acceso a la justicia estaba limitado para una parte importante de la población, ya que muchos de los problemas no eran considerados conflictos jurídicos. Habla de la distribución de los tribunales y de la falta de confianza en los juzgadores y abogados. También señala la forma en que eran elegidos los ministros, magistrados y jueces en la época del Porfiriato. 

Este es el problema que yo me planteé y sigue estando presente en el imaginario nacional, donde parece que los juzgadores, simple y sencillamente, somos puestos y operados por alguien. Los litigantes se comportan de mala manera y todo se reduce a una serie de elementos muy subjetivos. Destaca que en aquel momento no se dieron las cuatro condiciones necesarias para garantizar la independencia y autonomía de los juzgadores: el nombramiento, la estabilidad, la remuneración y la responsabilidad. 

 

¿Cómo surge “La Justicia Prometida” (Fondo de Cultura Económica, México 2014), libro que analiza el Poder Judicial de la Federación en la década del Porfiriato? 

No se hace historia sólo como un divertimento, para tratar de explorar, para tratar de saber qué pasó. Esta frase que ha sido mencionada por muchos historiadores en distintas formas, sobre que uno estudia la historia para tratar de comprender fenómenos presentes. Pero, ¿qué acontece con el tiempo presente que corre a tanta velocidad que no se tiene la capacidad de discernir? Si se enfoca en un punto específico, se pierde el plano general; si se enfoca en lo general, se pierden los puntos específicos; por ello, comprender el pasado tiene una gran implicación. 

Hegel, en su obra Filosofía del Derecho, dice que sólo cuando el búho de Minerva vuela en la noche se puede comprender la historia: “Cuando la filosofía pinta al claroscuro un aspecto de la vida, ya envejecido y en la penumbra, no puede ser rejuvenecido, sino tan sólo reconocido: la lechuza de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo”. Entonces, yo quiero comprender al Poder Judicial del momento presente, esto es lo que más me interesa. 

Y, ¿cómo se puede comprender?, pues yendo a un momento histórico, complicado, importante, pre-revolucionario, revolucionario por sí mismo en algunos aspectos, en un momento de gran efervescencia política, en donde parecía que todo iba bien, en donde México finalmente alcanzaba una modernidad. Una modernidad que no se alcanza porque son tantos los cambios, tantas las contradicciones sociales, políticas, económicas internacionales, que se quieren salvar, que no alcanza el momento para redondearlas, para abarcarlas, y surgen muchas personas social, política, económica e internacionalmente lastimadas, quienes por diversos caminos llegan a la revolución. 

En ese contexto: ¿qué hizo la Corte de entonces?, ¿qué hizo el Poder Judicial en general?, ¿qué no hizo?, ¿dónde sí podía incidir?, ¿dónde, por más inteligentes que hubieran sido los ministros, los jueces y magistrados, no podían detener un cambio que es superior a lo que puede procesar una Suprema Corte? Para mí, ese era un fenómeno importante de explorar; entonces, me concentré en estos diez años y traté de abarcar la mayor cantidad de fuentes e ideas para correlacionarlas y poder ver así el fenómeno en conjunto. Este es realmente el origen que está debajo de estas inquietudes. 

 

“La Justicia Prometida” se divide en cuatro partes y aborda temas de literatura y arquitectura desarrollados durante el Porfiriato. ¿Cómo fue el proceso de cada capítulo? 

 

La primera parte, Impartición de justicia, describe la organización del Poder Judicial y a quienes imparten justicia. La segunda parte, Administración de justicia, trata sobre cómo estaba administrado el Poder Judicial. La tercera parte, Justiciables, de cómo accedían los ciudadanos al Poder Judicial y cómo se beneficiaban de la labor de justicia de la época Y la última parte, Presencias judiciales, la quise llamar representación, es decir, como socialmente se percibía al desempeño del Poder Judicial y a los espacios que ocupan sus personajes en este tiempo. 

Cada parte tiene diferentes técnicas de trabajo, la primera y la segunda se asemejan porque se ve normativamente cómo estaba compuesto el Poder Judicial, qué cosas podía hacer, cuáles no y cuándo las hizo, qué cosas hizo con lo que podía hacer; para esto, revisé las sentencias, la jurisprudencia y la forma de trabajo de los señores ministros. 

También me pregunté quiénes eran los ministros, cómo llegaron a serlo, si tenían las cualidades y los merecimientos, o si eran simplemente los amigos de Don Porfirio o los amigos de sus amigos; cómo jugaban como parte de las élites nacionales estos señores que llegaron aquí, de qué medios estaban dotados para actuar, cuántos eran sus ingresos, ganaban más o menos que los Secretarios de Estado, los Senadores y los Diputados, cuánto duraban en el cargo, tenían relaciones políticas, venían de la academia. Es decir, traté de elaborar al Poder Judicial no simplemente como una descripción de lo que decían las leyes, porque hubiera sido un trabajo muy pobre, sino lo que hacían con las leyes, lo que hicieron con sus sentencias, las cuentas públicas que dieron en términos de su actuación, qué cosas resolvían y cuáles no. Estas son las dos primeras partes. Con esto se resolvió el sujeto juzgador. 

En la tercera parte, está la gran oferta de justicia, ya sabemos lo que se puede y no hacer. Bueno, ¿y las personas? Los tribunales están hechos para resolver conflictos de personas, no para que los jueces estemos contentos y entretenidos. Entonces, el tema era de las personas: quiénes sí accedían, quiénes no accedían, quiénes por distancia –entonces había un cálculo geográfico–, quiénes por pobreza, quiénes por ignorancia, quiénes por ausencia de abogados, quiénes vivían en comunidades que tenían modos distintos de resolver los conflictos (en algunos casos, auxiliados por sacerdotes) y, por otro lado, tratar de ver quiénes sí venían, quiénes no venían, a qué venían, quiénes nunca iban a poder venir. Con lo anterior, vemos cómo los procesos de modernización los lastimaron mucho, porque decir: “Hay un nuevo Código Civil o Mercantil y todas las operaciones se rigen por esto”, a las comunidades tradicionales les significa cambios violentos y traumáticos. 

La última parte es más lúdica: ¿cómo se percibía la sociedad?, ¿qué decían nuestros grandes novelistas, bastante realistas en una novela de entonces?, ¿qué decían sobre nosotros, sobre los jueces, sobre la Corte?, ¿qué decía la cultura popular sobre nosotros?, ¿qué decía el folklore?, ¿qué decía la arquitectura?, ¿por qué se quiso construir, donde hoy está el monumento a la Revolución, un edificio espléndido, y a la Corte la tenían en un edificio espantoso?, ¿por qué era importante para el régimen reestructurar el Palacio Nacional? Ahí están las cuentas de todo lo que costó esto. Y a nosotros como juzgadores nos tenían en un lugar bastante malo porque había un conjunto de símbolos importantes para el Presidente de la República, una iconografía, una serie de cuadros y de representaciones del Poder Ejecutivo de Don Porfirio Díaz, porque había cierta manera de entender y de tratar a los jueces y a los legisladores.  

¿Por qué los espacios de la judicatura eran tan básicos? Hay descripciones en los informes de los ministros de justicia sobre cómo se componía un juzgado. Narran que aquello era realmente una condición de penuria. También se compara con lo que está sucediendo en otros países en la construcción física de sus tribunales, es decir, ¿era relevante o no la justicia? Si no lo fue, era porque se estaban resolviendo los conflictos bajo otros sistemas; no obstante, sí era relevante en un segmento de opciones. Esa es la idea general de mi libro, presentar con la mayor cantidad de elementos posibles este periodo para tratar de entenderlo completamente.

 Entrevista realizada por Luz García Martínez

[DIRECTUM TSJCDMX Abr 2016]

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