Palacio se escribe: tlahtohcaan; Justicia: yeectiliz-tli y Palacio de justicia: Tlatzonteauilooyann.

La justicia es el supremo ideal que consiste en la voluntad firme y constante de dar a cada uno su derecho, según el pensamiento de Justiniano: Iustitia est constans est perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi. La historiadora Patricia Galeana, Directora del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), señala En defensa de la Patria. 1847 – 1997 (Secretaría de Gobernación. Archivo General de la Nación. México 1997), que: “En sus relaciones con el mundo, a lo largo del siglo de su construcción nacional, México primero tuvo que luchar por consolidar su independencia, defendiéndose de los tratados ruinosos que le querían imponer a cambio de su reconocimiento como nación independiente, y después debió enfrentar la agresión de las grandes potencias que querían aprovecharse de su territorio, de sus riquezas y de su soberanía”. Nuestra nación, México, como país independiente, es depositario de una dignidad histórica a través de siglos de vida y de cultura. La memoria prodigiosa nos relata hechos y sucesos que han forjado la estructura de nuestra identidad. Así, descubrimos un México desde la revelación de los nuestros y la solidaridad con lo universal. En esa dignidad histórica se inscribe el Palacio de Justicia del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, un edificio público que es una representación abstracta de una institución. Obra de los arquitectos mexicanos Juan Sordo Madaleno y José Adolfo Wiechers, fue inaugurado el día 15 de octubre de 1964 por el entonces Presidente de la República, Lic. Adolfo López Mateos, siendo Jefe del Departamento del Distrito Federal, el Licenciado Ernesto Uruchurtu, y Presidente del Tribunal Superior, el Licenciado Julio Sánchez Vargas. En el 50 aniversario de la creación del Palacio de Justicia del TSJDF, es importante rescatar su memoria histórica, su actuar en el presente del país. Como bien señala Edgar Elías Azar, Presidente del TSJDF, en el libro El largo camino de la justicia. Historia y orígenes del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (México 2012): “… la impartición de justicia en la sede de los poderes federales ha sido y es uno de los bienes públicos más valiosos con que ha contado la República en su permanente batallar por responder al derecho elemental de ser oído en juicio vencido o no… El largo camino de la justicia ha de conducir hacia la anchurosa calzada de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la felicidad colectiva, que no son sueños ni quimeras: derechos inalienables, intangibles, inconmutables; son, por así decirlo, el ámbito, el punto de llegada del imponente carruaje de la justicia institucional”. “Los sitios de la justicia también expresan la conciencia colectiva acerca de su importancia social, las sedes de la justicia capitalina, dignas y austeras como lo exige su función, son además obras arquitectónicas importantes que ya forman parte inseparable del panorama urbano: -El Palacio de la Justicia- magnífica fábrica debida a Juan Sordo Madaleno y a José Adolfo Wiechers en la Colonia de los Doctores, tiene calidad emblemática y expresa material y, conceptualmente, el ágora ciudadana”. “La columnata o peristilo rectangular evoca quizás los espacios públicos de la polis, subrayando el lugar superior de la sede de los juzgadores. Rectilínea y poderosa alude a los pórticos marmóreos de la Hélade”.

 

[DIRECTUM TSJCDMX OCT-DIC 2014]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *