La palabra ‘asesino’

Max Chá

 

De la palabra ‘asesino’: podríamos decir que es una palabra muy común, es decir, ahora, más común de lo que quisiéramos, sin embargo este término ha ocultado su significado original. Sobre la historia de Persia aún se levanta el nombre de Hassán ben Sabbah, guía y fundador de una orden de militares conocidos como  Hashashins, Hassassins, Hashishitas o Nizaríes, cuyo éxito y fama se centró en el asesinato político.

El líder inducía a sus seguidores un tipo de hierba llamada, en persa y árabe, hashish, conocido como cáñamo de la India o la Cannabis sativa, variedad indica[1] -que nosotros conocemos con el nombre común de ‘mariguana’-, a la par que llevaban a cabo rituales de magia combinados con el judaísmo, cristianismo y mahometismo. Los mercenarios comenzaron a ser nombrados bajo este título por considerarse adictos a la preparación tóxica que se elaboraba con esta planta. Arrigo Coen explica que ‘a quien ingiere hashish los árabes le llaman hashshash y hashishiyy, cuyos respectivos plurales, hashshashin y hashishiyyin, fueron los nombres con los que se conoció a la secta […]’[2] Ponto la fama de los mercenarios hizo que el nombre se expandiera: ‘En griego medio se dijo Khasisioi, en antiguo francés Assacis y Hassassis, en latín medio Asasi, Haussasi y también Ascisini, Assessini, Assasini y Assassini (todas estas formas se hallan consignadas), de donde se tomó el origen del nombre común assassinus, del que derivan el italiano y portugués assasino, el español asesino, y del provenzal y francés assassin, forma que, sin alteración, pasó al inglés.’[3]

“El viejo de la montaña”, como también se conocía a Hassán ben Sabbah, llegó a tener una gran cantidad de seguidores, estos llegaron a ser un poderoso ejército de mercenarios que infundieron terror y derramaron bastante sangre, hasta que fueron frenados por los mongoles en el año 1272, Bibars, sultán de los mamelucos, extingue a los guerreros mariguanos, sin embargo, quedó para la posteridad, en nuestro lenguaje, y en otros, la palabra que define ‘a quién, por pasión o por mercenarismo, mata alevosamente.’ Definición, a mi parecer, acertada, que podemos comparar con la que nos brinda el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) sobre la palabra asesino, que tiene una pequeña referencia a su origen: ‘del árabe ḥaššāšīn, adictos al cáñamo indio’, con un par de definiciones: ‘Que asesina’, y ‘Ofensivo, hostil, dañino’.

La palabra hashish, que Coen refiere, ha cambiado gráficamente, en el DRAE la encontramos como ‘Hachís’, ‘del árabe clásico, ḥašīš, ‘hierba’, definida como ‘estupefaciente obtenido de la resina del cáñamo índico, previamente desecado.’

Los cambios en la lengua son indispensables; la ampliación o restricción de significados se dan a partir de la realidad que va determinando la forma en la que el ser humano se relaciona con su entorno, separan su referencia en el horizonte para darnos otras sustancias verbales, de esta manera no confundimos a un mariguano con un asesino, pero podemos tener asesinos mariguanos.

 

 

[1] Se puede llegar a pensar que sólo consumían aquella variedad de la planta, sin embargo, era un preparado de varias sustancias que consumían los hashish.

[2]  Coen Anitúa, Arrigo. El lenguaje que usted habla… Pág. 24.

[3] Ídem.

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