Ana Karen Castro Sosa / Colaboradora de la ENAH

 

Es […] en el folklore, en donde se puede observar el tejido fino de las interacciones sociales, ya sea a nivel público o doméstico; sin embargo, es únicamente a través de una mirada profunda que éstas pueden salir a la luz.La búsqueda de estas interacciones profundas empieza con la comprensión de que al hablar de la sociedad inglesa de los siglos XVIII y XIX (comúnmente denominada pre industrial y de las clases trabajadoras) nos referimos a una cultura consuetudinaria; dicha búsqueda se perfila como compleja porque son “aquellos aspectos de una sociedad que se muestran a los contemporáneos como absolutamente ‘naturales’ y ‘normales’, los que frecuentemente dejan un rastro histórico más imperfecto”. 

Ante el problema para acceder al conocimiento de estos aspectos sociales, propone Thompson la observación de situaciones o episodios atípicos como lo son los motines en donde se podrían observar conductas públicas y sociales, así como privadas y domésticas. En muchas ocasiones es al calor de las pasiones que los miembros que participan en una disputa dejan ver hechos que de otra manera se mantendrían ocultos. 

El primer ejemplo que nos proporciona el autor es el caso de la “venta” de esposas que ocurrió en Inglaterra entre los siglos XVIII y XIX; se trata de un ritual llevado a cabo entre las clases bajas (jornaleros, granjeros) que a simple vista constituía un caso atípico. Era un signo de “transferencia legítima del matrimonio” que se hacía de manera pública en los mercados, a donde el esposo arribaba con su mujer, a la cual llevaba con un ronzal (cuerda o correa que se ata a la cabeza o cuello de las caballerías para llevarlas o sujetarlas) atado al cuello o la cintura; el ritual consistía en una subasta llevada a cabo, generalmente, por el marido. 

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En un primer momento se puede observar dicha venta como un acto que demostraba la subordinación de lo femenino ante lo masculino, el tratamiento de la mujer como un bien mueble o parte del ganado, debido a los elementos formales que se transmiten en la subasta (evento en los mercados con publicidad previa); sin embargo, una mirada más detenida, demuestra que el ritual era aprobado por la comunidad, y que al documentarse más de 300 casos, no se trataba de una conducta puramente atípica y tampoco de barbarie. 

Thompson se dedicó a documentar este acontecimiento a través de fuentes de coleccionistas de folklore y fragmentos de notas periodísticas de espectadores que le permitieron reconstruir el contexto total en donde surgen matices del ritual que permiten ver que esta era la única forma de divorcio ante la falta de una figura jurídica como tal, así, casi todos los rituales se llevaban a cabo con el consentimiento de las esposas, y la subasta era más bien ficticia, pues en muchas ocasiones el comprador había sido previamente aceptado, y normalmente era amante de la mujer en cuestión. 

Es importante advertir la significación que ello tiene, ya que, si bien, aún se observa una subordinación de lo femenino, el nuevo matiz nos hace reflexionar la manera en la que una cultura responde y antecede a la norma jurídica (el divorcio no estaba contemplado y los únicos que tenían acceso a una figura similar eran las clases altas), así como la búsqueda por regular el intercambio de cónyuges por consentimiento mutuo.  

El segundo ejemplo que Thompson nos proporciona acerca de la deformación que en ocasiones resulta de una interpretación sesgada, es el del don. Este ejemplo parte de la oposición que declara con la obra del historiador inglés Gareth Stedman Jones quien en un capítulo titulado “La deformación del don” de su obra Outcast London, propone a partir de Max Weber y Marcel Mauss, tres rasgos principales de la donación por caridad, es decir, el don. Estos rasgos son, en primer lugar el del sacrificio que se considera hecho ante Dios, en segundo, el don como un acto que otorga prestigio al donador y subordinación al receptor, y por último, la obligación que nace en el receptor al momento de aceptar el don por ello, éste puede considerarse “un método de control social”. 

Stedman, señala Thompson, hace un análisis acerca de los comportamientos de la sociedad ante la pobreza “desde arriba”, y advierte que, una vez más, otra perspectiva matiza el don en este caso;  “desde abajo”, Thompson advierte algunos otros rasgos: el mendigo busca sacar el mayor provecho del rico porque este último siempre querrá evitar sentimientos de culpa, el receptor no necesariamente adquiere una obligación con el donador ni reconoce su prestigio, excepto en algunos casos en donde la subordinación supone también una ventaja. De esta forma, queda en evidencia que el don no está precisamente deformado como sostiene Stedman, sino que más bien se comporta de una forma dialéctica.

[DIRECTUM TSJCDMX Abr 2016]

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