Ministro JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ  / entrevista de Luz García Martínez

 

Es interesante ver fotografías de los magistrados y ministros, como el gran crítico de arte don Justino Fernández, la fachada del Palacio de Justicia en la calle de Cordobanes y la Penitenciaría de Lecumberri, recién inaugurada en septiembre del año 1900. También les pedí a los integrantes del Archivo Gustavo Casasola que nos identificaran las fotografías que acompañan e ilustran los aspectos centrales del libro. 

En la edición mandaron las fotografías al final del libro. Yo hubiera preferido que estuvieran en medio para que tuvieran mejor visibilidad y con un papel de mejor calidad, sin embargo, quedaron bien. Considero que es importante que se vea a Porfirio Díaz en la reinauguración del Palacio de Justicia en la calle de Cordobanes (hoy Donceles), el 6 de mayo de 1900; así como a los magistrados y ministros, y el cuadro donde están los retratos de los ministros integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 1901, ubicado en la antesala de la Primera Sala, en unas pequeñas medallitas, tal como en aquel entonces se les representaba. 

Todos sabemos quién es Justo Sierra: historiador, periodista, poeta, político y magistrado de la Corte. El Licenciado Justino Fernández fue ministro de Justicia en el gabinete de Porfirio Díaz. Entonces, era importante que se mostrara que eran personas de carne y hueso quienes formaban parte de la Suprema Corte. 

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¿Cómo eran esos ministros a diferencia de los que ahora presiden la Suprema Corte? 

Primero, no tenían que ser Licenciados en Derecho, esto se fue profesionalizando cada vez más. Segundo, tenían una condición funcional con menos atribuciones de las que nosotros tenemos, ya que podemos hacer más cosas por la controversia constitucional y el amparo. Tercero, eran personas vinculadas con el régimen, lo cual no es que me parezca bien, sino que ésas eran las condiciones que existían. Muchos eran Secretarios de Gobierno y venían a la Corte, otros estaban en el ministerio de justicia y luego venían, otros se iban de diputados, otros venían de senadores. En fin, era una rotación. Esto lo explicó muy bien el historiador Francisco Xavier Guerra (1942-2001) en su libro Del antiguo régimen a la Revolución, 1985, en el sentido de que había una circulación entre las élites, de forma tal que ser ministro o ser senador o ser ministro y ser el Secretario de Justicia, o Subsecretario de la Secretaria de Justicia, como en el caso de Eduardo Novoa, etcétera, no hacía una diferencia, eran personas que cumplían distintas funciones en este escenario. 

En cuanto a sus actuaciones, hay dos niveles diferenciados: un número importante era competente técnicamente, es decir, sabía Derecho; podía resolver bien sus casos y resolvía los casos individuales correctamente, pero también eran personas que no generaban un pensamiento, un entendimiento constitucional completo, de forma tal que esa parte del pensamiento, de la integración, de la representación constitucional, se la dejaban al General Porfirio Díaz. Hoy en día, nosotros tenemos nuestras propias competencias, nuestra propia imagen, nuestra propia legitimidad, a diferencia de la que tiene el Presidente de la República o a diferencia de las que tienen las Cámaras del Congreso. 

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Cuadro con los retratos de los ministros integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 1901. Fotografía del Archivo Casasola, publicada en el libro "La Justicia Prometida" del Ministro José Ramón Cossío Díaz.

 

En el libro hay sucesos de Porfirio Díaz que muestran otra pincelada sobre su persona. 

Sí, pero yo no me metí a él porque no es el tema del libro. Hay casos de cómo designaba a los ministros. Por ejemplo, Don Silvestre Moreno Cora (1837-1922), destacado ministro de la Suprema Corte, en susMemorias (publicación póstuma, 1998), cuenta cómo lo designó Don Porfirio. Describe cómo Díaz, en un viaje que hace a Veracruz, se da cuenta de que es un funcionario hábil, y le indica al entonces Gobernador, Teodoro A. Dehesa Méndez, que quería que Don Silvestre se integrara a la Suprema Corte. Acuérdese que esta era una elección indirecta de un grado, y cuando vino Moreno Cora a la Corte, quien nunca había hecho campaña, le dicen: “Ya ganó usted”. Ante esto, se da uno cuenta de cómo eran las mecánicas en esos años, por qué los ministros de la Corte de la Constitución del 57 eran electos popularmente en segundo grado. 

 

En el presente, ¿cómo es ese juego en la Corte? 

Es una condición diferente. El Presidente propone una terna, la cual tiene que ir al Senado a aprobarse por dos terceras partes de sus integrantes como mínimo, por lo que ningún partido político, en lo individual, escoge al candidato. Esto se hace mediante las negociaciones, los juegos y los rejuegos que hay en las Cámaras. ¿Cómo negocian o qué negocian a cambio de votar?, eso no lo sé, porque no me ha tocado vivirlo. 

Mi elección fue la primera sustitución que se dio después de las reformas constitucionales al Poder Judicial Federal y a la Jurisdicción Constitucional del 31 de diciembre de 1994; fue una elección limpia. Yo fui con dos estimables personas: Teresa Isabel Martínez Mercado, entonces Magistrada Presidente del Supremo Tribunal de Justicia de Aguascalientes y Teresita de Jesús Rendón Huerta Barrera, Presidenta del Tribunal de lo Contencioso Administrativo de Guanajuato, y reconocida profesora de la Universidad de Guanajuato. Tuve un número importante de votos y así fue como operaron dentro las fuerzas a partir de la postulación que se hizo en la terna. Ahí sí no podría yo decir mucho, pero lo que es claro es que es otra forma distinta.

 

[DIRECTUM TSJCDMX Abr 2016] 

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