ARNOLDO KRAUS

 “Todos tenemos difuntos. Nos habitan, los habitamos, los pensamos, sabemos de ellos...” Recordar a los difuntos. Arnoldo Kraus

Apología del lápiz es un libro escrito por Arnoldo Kraus, y realizado e ilustrado por Vicente Rojo. Trata sobre un objeto milenario: el lápiz, del cual el escritor señala: “Con los lápices se entra y se regresa a la vida. ´Dibujar o rayar con lápiz´ significa lapizar. Lapizar la vida es una faena hermosa. Lapizar significa mirar. Lapizar implica abrir. Mirar y abrir. Mirar para abrirse y abrirse para mirar el largo e infinito momento tras lapizar los días, las voces, las pérdidas”.

Vicente Rojo considera que en el presente el lápiz va quedando en el olvido, pero para él sigue siendo básico. “Mi estudio está lleno de lápices, el lápiz ha sido una compañía a lo largo de mis más de 80 años… Por eso, a partir del texto de Arnoldo Kraus, que es muy conmovedor, me pidió que le hiciera ilustraciones”.

Para Arnoldo Kraus, no hay diseñador en México como Rojo. “Apología del lápiz, es un libro bello por sus ilustraciones, que se complementan muy bien con el texto”. Pronto saldrá otro libro intitulado Apología de las cosas, “donde habrá un buen ensamble entre un pequeño texto mío que se llama Apología de las cosasy Sus cosas, que es un autorretrato de Vicente: sus tubos de pintura vacíos, sus pinceles, sus pequeños corchos, sus plumones, sus lápices, en fin, lo que utiliza para pintar”.

[…]

Sí, yo lapizo la vida. Usted puede ver aquí, en mi consultorio, que tengo lápices por todas partes. Le voy a enseñar algún papelito donde anoto siempre cosas… -ya no lo encuentro, (busca en su camisa)-, que me interesan y que luego probablemente usaré.

¡Miré, aquí está!, (encuentra el papel y lo muestra), aquí están frases escritas con lápiz que me servirán para escribir alguna reflexión, algún artículo en el periódico o cuando voy haciendo la historia clínica y el enfermo me dice algo que aparentemente no tiene que ver con su padecimiento, pero que siempre tiene que ver. Anoto al lado algo con lápiz que luego me servirá para rescatarlo, para plagiarlo, ¡vamos!, pero lo plagio citándolo o para darle otra forma; y sí, hay que lapizar la vida. Con mis pacientes lapizo la vida, aunque no siempre escribo ni de enfermedad, ni de cuestiones éticas; absorbo notas, ideas, pensamientos, sensaciones de los enfermos cuando están frente de mí, porque cuando padecen, cuando tienen dolor, cuando piensan que pueden morir hablan diferente y dicen cosas distintas.

[DIRECTUM TSJCDMX Nov – Dic  2016]

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