VICTORIA ARREOLA / Jueza Décimo Primera en Materia Penal del Sistema Procesal Acusatorio del TSJCDMX

El Feminicidio es un delito de reciente creación (apenas publicado en la gaceta oficial del Distrito Federal -ahora Ciudad de México-, el 26 de julio del 2011); el cual tuvo su origen en la observación de los Tratados Internacionales que contemplan los Derechos Humanos y que el estado mexicano adoptó en la Constitución en su artículo 1º. Ello derivado de particulares recomendaciones relativas a la tipificación de este delito.

El concepto feminicidio se desarrolla a principios de la década de 1990 para evidenciar el origen sexista en numerosos asesinatos de mujeres.

Lo cierto es que la inclusión en nuestra legislación Penal se dio debido a que el gobierno mexicano está suscrito a la O.E.A. (Organización de Estados Americanos), la cual condiciona la admisión y permanencia de sus miembros con el objeto de observar, principalmente, los Derechos Humanos; dentro de ellos el respeto a la igualdad de género. Siendo el género femenino el más rezagado en Derechos, ya que apenas el 3 de julio de 1955, por primera vez la mujer mexicana emite su voto; la Organización trata de generar condiciones generales de igualdad que den fundamento a la adopción de normas penales como el artículo 148-Bis del Código Penal, vigente para la Ciudad de México. Tipo penal que no fue fácilmente acogido por la comunidad jurídica desde la percepción de que este delito sólo pueda ser cometido por hombres, o bajo la interrogante de si la adopción de una norma jurídica “diferenciadora” está justificada por la realidad de los numerosos asesinatos de mujeres.

 

LA MUJER EN LA HISTORIA

Es indignante que se tenga que tipificar este tipo de delito con dedicatoria a la mujer, cuando ésta, hace 30,000 años, era considerada como Diosa, según las estatuillas regadas por toda Europa -como la venus de Willendorf-, pues la mujer de aquellos tiempos, regordeta y todo, era la más adorada y respetada por ser la dadora de vida, siendo que esta tradición se perdió con el devenir de los tiempos, con la invención e imposición de las religiones donde la Otrora Diosa, principalmente en la iglesia católica se le relega, quien sólo sirve de comparsa pues no puede oficiar el culto sólo reservado al sexo masculino; y a la mujer, pese a que es la más devota, y que siempre está presente en sus iglesias, se le comparó por mucho tiempo con María Magdalena, a quien en un tiempo se le consideró como “pecadora”, por el hecho de formar parte del séquito de Jesús en Palestina, en la época en la que era impensable que una mujer soltera viajara sola en compañía de un maestro religioso y su séquito, siendo los propios seguidores de Jesús quienes veían con malos ojos la relación estrecha que unía a María Magdalena con su maestro, Podemos advertir antecedentes de los elementos de misoginia (odio o aversión a las mujeres), al grado de que, en la Edad Media, a las casas destinadas a las prostitutas reformadas se les llamaba “Magdalenas”. No es sino hasta la actualidad que se le reivindicó, pues ahora se considera, por algunos autores, como un apóstol más de Jesucristo. Posteriormente, en el mundo occidental, con la constitución de la iglesia católica se agravó el estatus de la mujer, considerándola como poca cosa, donde el hombre se erigió con más derechos y se constituyó como el ser más importante de la creación, relegando a la mujer sólo a servir al hombre; ello se puede advertir de diversos pasajes bíblicos, en los que se señala que “el hombre es la cabeza de la mujer”, porque Adán fue formado primero, después Eva. Por ello, la autoridad espiritual recaía en el hombre, para que él funcionara como líder, tan es así que hoy en día se señala que el hombre es la cabeza del hogar y de la iglesia. Dios pudo crear primero a la mujer y después al hombre, pero no lo hizo, también pudo crear a la mujer y al hombre simultáneamente, pero tampoco ocurrió. La mujer fue creada como ayuda idónea para él, en otras palabras, la mujer fue creada para el hombre.

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ANTECEDENTES EN LA SOCIEDAD MEXICANA

Orígenes. En México siempre ha existido una sociedad que, desde el punto de vista social, cultural, psicológico y hasta económico, ha minimizado la figura femenina, quizás heredada por los conquistadores españoles, quienes, al no haber traído a sus esposas, tomaban a las indígenas sin ninguna responsabilidad. Posteriormente, constituido el mestizaje, los padres pertenecientes a nuestra sociedad, adoptan costumbres misóginas, que desvaloran la esencia de la mujer, pues las propias madres no permiten que los hombres hagan labores en la casa y mucho menos en la cocina, empero a las mujeres las concentran en ese lugar de la casa para efectuar “labores propias de su sexo”; además, no les era permitido estudiar porque esto era para la figura que se identifica como el proveedor de una familia, “el hombre”. La principal causa de ello es la mentalidad machista y patriarcal, donde la mujer tiene un rol social de ama de casa y madre, y la no aceptación de ese rol puede desencadenar una reacción violenta que puede desembocar en el asesinato.

Es por esto que el varón, consciente de su posición en su casa, repite ese patrón en su matrimonio, considerando a la mujer como inferior, ya que como no trabajaba o no se le permitía hacerlo, ella se debía conformar con recibir el gasto que tenía que distribuir para satisfacer las necesidades de la familia.

De esta forma, y por múltiples factores, el esposo, debido a la falta de oportunidades y de trabajo, arremete contra su mujer, a la cual considera de su propiedad, cometiendo los delitos más atroces, valiéndose de la confianza que le demuestra su cónyuge, a la cual podrá denigrar, cometiendo en su persona las más viles infamias, infringiéndole lesiones y mutilaciones previas o posteriores a la privación de la vida.

Algunos ejemplos de la desproporción de oportunidades laborales para la mujer, más cercanos a nosotros, se dan en la Suprema Corte de Justicia de la Nación de este país, la cual se integra por 11 Ministros, de los cuales sólo 2 son mujeres; en el Senado de la República existen 82 hombres y 46 mujeres; en la Cámara de Diputados, 287 hombres y 213 mujeres; la pregunta es, ¿por qué? No existe una representatividad de la mujer, pese a que en este país el 51.2% de la población está constituida por mujeres, es decir, existen 2.8% millones más de mujeres más hombres (según datos del INEGI 2014); y si las leyes van dirigidas a ambos géneros, entonces deberían tener, mínimo, igual número de representantes en aspectos tan trascendentes como la legislación y la justicia.

En un  principio se pensaba que la violencia contra las mujeres sólo estaba constituida por maltratos físicos o verbales que tenían lugar al interior de la familia o en pareja. Cuando la experiencia demuestra que la violencia contra la mujer también se expresa en crímenes graves como el homicidio, lesiones, violación, etc., entonces es claro que el Derecho Penal debe intervenir, y la tipificación del delito de feminicidio emerge de la respuesta insuficiente del Estado frente a la violencia contra la mujer, produciendo, así, la progresiva penalización de lo que inicialmente se consideraban sólo malos tratos.

 

INFLUENCIA INTERNACIONAL

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha considerado prioritario establecer sistemas de protección de los derechos humanos de la mujer a nivel regional e internacional, para ello se promulgan instrumentos internacionales que protegen el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia. En el marco normativo internacional encontramos los artículos 1 y 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que contiene un núcleo ineludible de principios fundados en el respeto a la dignidad e igualdad de todo ser humano.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos contempla el derecho a la igualdad y la prohibición de la discriminación, el artículo 7 señala que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

La Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, establece una definición de discriminación que incluye la violencia dirigida contra la mujer por el sólo hecho de ser mujer.

 

 

[DIRECTUM TSJCDMX Nov – Dic  2016]