TEODORO GONZÁLEZ DE LEÓN

La idea se concibe sola siempre, germina en lo más profundo del cerebro, y sólo cuando tienes una claridad te permite hacer un esbozo que si lo ve otra persona no entiende nada, pero yo ya veo forma y espacio en ese primer esbozo y empiezo a trabajar sobre él, después se lo paso a los muchachos para que empiecen a desarrollar algo o hagan una pequeña maqueta, todavía como esbozo, en papel.

 

El proyecto de la Ciudad Universitaria

En 2001 el arquitecto Teodoro González de León recibió el ‘Doctorado Honoris Causa’ de la Universidad Nacional Autónoma de México, su Alma Mater. De 1942 a 1947 estudió la carrera de Arquitectura y Grabado en la Escuela Nacional de Arquitectura, y con su tesis profesional obtuvo mención honorífica. En 1946 participó en el concurso nacional para el Proyecto de la Ciudad Universitaria que se construiría en terrenos donados por el Gobierno Federal en el Pedregal de San Ángel. El proyecto que ganó el concurso fue el de Teodoro González de León, Enrique Molinar y Armando Franco.

¿Cómo se da el trabajo de la Ciudad Universitaria?
Prácticamente no fue un concurso, sino un preconcurso que hicieron los siete maestros de composición de la escuela para seleccionar la mejor idea que, con la ayuda de alumnos y maestros, se desarrollaría como propuesta de la Escuela de Arquitectura al concurso nacional que ganó Enrique del Moral y Mario Pani, que presentaron ideas similares.

Yo trabajaba junto con Armando Franco en el despacho de Mario Pani, y dibujamos su solución, la cual no me gustó, -medita- ¡era una solución totalmente académica en el sentido del Siglo XIX!, un urbanismo totalmente pompie del Siglo XIX: una avenida en diagonal que partía de Insurgentes y remataba en un sistema de tres glorietas que agrupaban el conjunto de las escuelas. Armando y yo estábamos desolados al no poder aplicar las ideas del nuevo urbanismo que proclamaba el movimiento moderno como el de Le Corbusier, a quien ya admirábamos. Entonces nos fuimos al despacho de otro amigo, Enrique Molinar, que estaba en la Colonia Cuauhtémoc, y elaboramos una propuesta: trabajamos un mes e hicimos una laminita que con plena honestidad se la mostramos a Mario Pani y Enrique del Moral que dijeron: “está interesante, que no sé qué”, pero ahí quedó, simplemente no nos hicieron caso.

Entonces recurrimos al último recurso, fuimos con el arquitecto José Villagrán García (que daba clase de teoría arquitectónica y un curso de matemáticas) que no participó en el preconcurso porque no era maestro de composición -y a quien todos consideraban el padre intelectual de la Escuela y le tenían más respeto-; le enseñamos nuestra propuesta que le fascinó y dijo: “¡Esto sí es urbanismo nuevo, urbanismo moderno, yo lo voy a ver!”.

Así, nos dio su apoyo y sorpresivamente en una reunión en el salón de actos, en donde se hizo la presentación ante el Rector Salvador Zubirán, del avance del proyecto que iba a presentar la Escuela de Arquitectura de San Carlos al concurso nacional, cuando ya se habían presentado todas las ideas, antes de terminar el acto, se levantó José Villagrán García con nuestra lámina original y dijo: “Falta presentar una idea que me parece la mejor, con un concepto urbanístico moderno, asombrosamente realizada por tres alumnos, y sería una lástima que no ganara…”

Eso los desmoronó porque José Villagrán García era el padre intelectual de todos los maestros (fue el arquitecto más famoso de México durante cuatro décadas, de los años 30 a los 60) y tuvieron que aceptar nuestra rectoría en la presentación del proyecto. Fue una revolución en la Escuela porque entonces los maestros fueron nuestros ayudantes –sonríe-, fue una aventura muy emotiva. ¡Los compañeros trabajaron con enormes ganas, porque era como una revancha!, todavía me he encontrado algunos que me dicen: “nunca he vivido un momento más emocionante que esos dos meses donde presentamos la propuesta, y te recuerdo a ti, Teodoro, mandándole a un maestro a hacer ciertas cosas”.

Se dibujaron alrededor de 50 láminas, un enorme plano de conjunto y la monumental maqueta. Aparte de la Escuela de Arquitectura, participaron tres arquitectos en el concurso nacional y ganó la Escuela. Fue la primera gran obra pública que se realizaba en el mundo, el primer urbanismo del Siglo XX, y sobre el cual se escribió durante varios años en las revistas de arquitectura.

[DIRECTUM TSJCDMX Nov – Dic 2016]