IMAGEN DE ARRIBA: Prisión previa al enjuiciamiento por beber pulque (Código Florentino) En la ciudad de México había un Tribunal compuesto de cuatro jueces miembros del Consejo real, el Tlatocan, institución jurisdiccional que tenía competencia civil y criminal con excepción de lo relativo a las clases privilegiadas (las cuales estaban sujetas a jueces especiales). Los principios rectores del proceso criminal azteca permitían que al noble se le tratara con mayor energía que al desposeído (pues se consideraba obligación natural del poderoso ser ejemplo para los demás), sobre todo en su forma de conducirse ante la comunidad, equiparándose al ebrio que era mal ejemplo para los niños.

 

 

MAGISTRADO ÁNGEL HUMBERTO MONTIEL TRUJANO 

 

El propósito fundamental de todo Estado de Derecho es acercar a los tribunales con la sociedad; y los juicios orales buscan justamente esto: recobrar la dimensión del juez frente a los ciudadanos, que éstos perciban de manera directa el quehacer jurisdiccional, que ya no haya litigantes frente al poder judicial que alejen la figura del juez con los justiciables, sino que escuchen de viva voz y de manera directa cómo se resuelve su caso. 

Ese es un cambio trascendente en esta nueva administración de justicia: acercar al justiciable al rostro de la justicia y tomar conciencia de la importancia de la dignidad de los seres humanos, porque todos tenemos la capacidad de discernir y de reconocer cuándo una decisión es justa. 

 

¿Qué es la oralidad en la impartición de justicia? 

Ha sido una de las acciones reformadoras del campo judicial de Latinoamérica en los últimos años, tanto en las materias penal, civil y familiar, como ahora en nuestro país en la materia mercantil, donde se considera a la oralidad como el instrumento más eficaz para eliminar muchos de los males que los justiciables perciben respecto de la forma de impartir justicia: como la enorme burocracia y lentitud en la substanciación de los juicios, ya que los nuevos procesos privilegian la continuidad y concentración de las actuaciones jurisdiccionales, practicándose todas directamente ante el juez, con lo que agilizan y transparentan los juicios. 

 El antecedente de los juicios orales actuales en nuestro país fueron los juicios orales seguidos ante un juez local y un jurado popular. Éste integrado por ciudadanos elegidos mediante insaculación, que emitían un veredicto al cual debía apegarse el juez en el dictado de la sentencia. Destacamos que tal veredicto era inatacable y contenía lo relativo a la culpabilidad del acusado, así como la existencia de las circunstancias calificativas o agravantes de premeditación, alevosía y ventaja; en consecuencia el tribunal de apelación sólo podía analizar si el fallo del juez había sido dictado con apego al veredicto. Los jurados populares surgen en México en la segunda mitad del siglo XIX, con la Constitución de 1857, aunque reducidos a los delitos de imprenta. Otro antecedente importante fue la ley promulgada por Benito Juárez el 15 de julio de 1869, denominada Ley de Jurados en Materia Criminal en el Distrito Federal. Como podemos apreciar, la forma de impartición de justicia quedaba en manos de personas generalmente ajenas a la ciencia jurídica y sobre todo, iletradas. Esta deficiencia propició que la imposición de las sanciones y penas dependiera de la sensibilización que los abogados o defensores (tinterillos) produjeran en el jurado. Por ello, en no pocas ocasiones los verdaderos culpables obtenían la absolución gracias a la retórica y manejo persuasivo de la defensa. He aquí las razones que propiciaron el abandono de los juicios orales a finales de 1920. En la actualidad, se retoma la oralidad en los juicios debido a que son otras las situaciones sociales y culturales a las que prevalecían en el siglo XIX. El nuevo modelo de los juicios se nutrió de la experiencia recabada a lo largo de décadas de procesos escritos; aunque con un enfoque de simplificación apegado a la legalidad o racionalidad (fundamentación y motivación), en oposición al anterior sistema subjetivo imperante en los juicios orales de aquella época, sintetizado en la frase formularia: “A verdad sabida y buena fe guardada”. Los actuales juicios orales eliminan los recursos intermedios durante el proceso, todas las decisiones del juez son inatacables, lo que permite que el proceso avance y no se pierda tiempo esperando decisiones intermedias, esto no significa que no pueda impugnarlas, las puede impugnar, ya incluso la corte al decidir en una acción de inconstitucionalidad resolvió que es válido que este tipo de juicios no tengan recursos ordinarios porque su derecho siempre tiene una tutela efectiva a través del juicio de amparo. Entonces, de estimar las partes que existen violaciones procesales o inconformarse contra el fallo que resuelve el asunto pueden acudir al juicio de amparo, y alegar dichas violaciones cuando impugnen la sentencia que resolvió el juicio.

Entrevista realizada por Luz García Martínez

[DIRECTUM TSJCDMX Ene – Abr 2015]

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